miércoles, 5 de octubre de 2011

Asturias y Cantabria mágicas

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El viaje de este verano ha sido totalmente nuevo para nosotros, aunque maravilloso y lleno de divertidas anécdotas...

Nos hemos quedado en España, hemos disfrutado de buenas rutas para hacer en moto, ha hecho sol, ha llovido, hemos conocido gente, nos hemos relajado... y la experiencia ha valido la pena...

El viaje ha transcurrido por las mismas carreteras que recorreríamos sobre dos ruedas, pero durante una temporada toca volver al coche, ya que hace unos meses se nos ha unido un nuevo compañero de ruta...

Diferentes circunstancias, diferente viaje y diferente crónica también. No relataré las rutas diarias, ya que ha habido varios días en los que hemos disfrutado del buen tiempo sin movernos apenas del lugar en el que pernoctábamos, pero sí os contaré varias excursiones que recomiendo encarecidamente para hacer en moto.

Espero que os guste...



De nuevo Asturias y Cantabria, esas maravillosas tierras llenas de color, frescor, buenas gentes y excelentes paisajes. 

La entrada a Cantabria la hacemos desde León, a través del Puerto de San Glorio y tras rodear el Embalse de Riaño.


Una vez en Potes, la primera excursión nos lleva hacia el Desfiladero de La Hermida, parando en la iglesia mozárabe de Sta. María de Lebeña, acompañada de su bonito cementerio. Sí, creo que hay cementerios bonitos, ¿por qué no? se supone que es un lugar en el que vas a descansar toda la eternidad y debe ser cuanto menos agradable a la vista:




Un tejo de más de mil años acompaña también a la iglesia, así como su campanil, construído algo más tarde



El desfiladero de La Hermida lo recorreremos varias veces en los días que vamos a pasar en Potes. Como todos los desfiladeros de estas características, impresionante el paso entre las montañas que lo forman y, tan pronto te desvías y subes unos metros, el paisaje se abre para inundar todo de luz y permitirte descubrir una imagen totalmente distinta...



Desde el Mirador de Santa Catalina, la vista sobre el desfiladero  hacia Norte y Sur quita el aliento...


La ruta continúa por una carretera sinuosa y desierta, dejando atrás hermosos y tranquilos pueblos de la Comarca de Liébana, con una  lluvia ligera que hace todavía más mágico el paisaje y unos huevos fritos caseros, con su chorizo y sus patatas de la huerta que tomamos en un sencillo mesón sin más clientes que nosotros.


Atrás quedan Linares, Piñeres, Cicera, el Collado de la Hoz... Sobrelapeña; se nos hace raro el viaje en coche con otra personita, pero resulta muy agradable esta nueva experiencia y, aunque las fotos que se hacen a los paisajes con motos son más agradecidas, no me puedo resistir... os presento a nuestro coche disfrutando del paisaje...




Entrando en el Valle de Cabuérniga, descubrimos el pueblo de Carmona, declarado Conjunto Histórico Artístico y uno de los núcleos rurales mejor conservados de Cantabria.


En Carmona se mantiene todavía la tradición de los artesanos de la madera...


Resulta ser un pueblo muy tranquilo, bonito y bien cuidado, además de hallarse en un enclave privilegiado.



Continuamos camino hacia Santillana del Mar, "el pueblo más bonito de España" según dicen las malas lenguas, y una de las poblaciones de España con mayor valor histórico-artístico, además de ser una villa medieval excelentemente conservada. Información turística

No hay mucha gente, aunque se intuye un exceso de turismo de masas, tanto por los comercios como por los precios; el paseo resulta muy agradable entre tanta historia e invita a tomarse una sidrina y una quesada todavía caliente... mmm... qué olor y sabor tan ricos...





La excursión sigue hacia la costa, con parada en la Playa de Oyambre para observar los barcos de bajura en plena faena...

Al lado, San Vicente de la Barquera,pueblo marinero y de gran importancia medieval por ser uno de los pasos importantes del Camino de Santiago en la ruta de la costa. También desde aquí partieron grandes marinos para reconquistar ciudades andaluzas o iniciar expediciones a Terranova.


Las últimas luces de la tarde se despiden este día de nosotros en el Desfiladero de La Hermida y nos desean muy felices sueños.

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Al día siguiente, excursión al corazón de los Picos de Europa,  Fuente Dé y su teleférico, que salva un desnivel de 753 metros; en 4 minutos estamos a 1.823 metros de altitud observando un paisaje impresionante. Información sobre el teleférico



La idea es subir al peque en mochila, pero como la temperatura ha bajado mucho, decidimos coger el carrito y convertirlo en todo terreno...


 
Mientras, abajo, la temperatura y el paisaje son bien distintos...


Visitamos a continuación el pueblo de Mogrovejo,  en pleno valle liebanés, con su iglesia del siglo XVII y sus vistas hacia los Picos de Europa... un paseo que nos deja muy buen sabor de boca.




La última parada de este día es en la Ermita de San Miguel, a pocos metros del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde parece ser que se halla la reliquia más grande conservada de la cruz de Cristo; como siempre, es cuestión de fe (más información aquí).





Unas sidrinas en el casco viejo de Potes, con degustación de algunas exquisiteces de la gastronomía cántabra (no demasiado, que luego no dormimos bien...) y a descansar...

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Potes: es la capital de la Comarca de Liébana y su principal localidad. La guerra del 36 destrozó casi todo el pueblo, siendo reconstruído casi en su totalidad. Aun así, tiene sabor medieval y ambiente variopinto (jóvenes montañeros, viejos peregrinos, paisanos que acuden a su mercado... ).

Dejemos que las fotos hablen por sí mismas...




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Un día de lluvia y niebla espesa en la costa nos lleva a Llanes, donde se abre paso una luz intensa y con ella  terrazas llenas de gente, sidra en todas las mesas y ambiente de fin de semana...


  




A partir de ahí, elegida en el mapa la carretera más pequeñita y con mayor número de curvas -pese a la niebla y a la lluvia-, descubrimos la Sierra de Cuera, con una luz y color mágicos gracias precisamente al agua...


Recomiendo encarecidamente esta excursión en las mismas condiciones climatológicas.

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Otro día y otra ruta mágica: desde Potes, por la N631, pasando el Puerto de San Glorio y ya en la vertiente leonesa de los Picos de Europa, llegamos a Portilla de la Reina, donde nos desviamos por la LE-243 hacia Santa Marina de Valdeón y descubrimos unos paisajes que bien podrían haber salido de una historia de Tolkien...


La comida de este día, al calor de un albergue, "La Ardilla Real", en Santa Marina de Valdeón, y donde apetece quedarse toda la tarde charlando o leyendo tranquilamente.
 

Nos adentramos en el desfiladero del Cares hacia Caín, donde habíamos pensado hacer una caminata, aunque el tiempo no invita a ello. El color del paisaje mojado, la soledad de la carretera, la espectacularidad del desfiladero nos hacen parar varias veces...




La vuelta la hacemos por Soto de Valdeón, Puerto de Panderruedas, N-625 hacia Riaño (donde nos espera otra ración de magia).
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Dejamos atrás Cantabria y Potes para dirigirnos a Gijón y hacer noche  allí durante varios días. Aprovechamos y paramos en Lastres, precioso pueblo de pescadores que se ha hecho famoso en los últimos tiempos debido a la serie Doctor Mateo, y cuyo casco antiguo fue declarado Patrimonio Artístico. Merece la pena visitarlo tranquilamente.


  
Llegamos a Gijón a última hora de la tarde, justo para dejar las cosas en el hotel y dar un paseo por el Cerro de Santa Catalina y la Playa de San Lorenzo...


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El resumen de nuestra estancia en Gijón se hace fácilmente: sidrinas, queso de Cabrales, mercado medieval, excursión, paseo, playa, pastel de cabracho, paseo, sidrinas, excursión, fritos de pixín, sidrina, paseo...


Otros lugares a destacar de los que hemos visitado:

Cabo de Peñas


Como véis, el viaje se hizo en coche, pero el espíritu  motero sigue ahí. Sabemos que ahora toca moto sólo en excursiones cortas durante una temporada larga, pero los viajes se harán igual y se disfrutarán incluso más, porque nuestro nuevo compañero parece tener también alma viajera (con sus escasos seis meses, ni una sola queja y muchas, muchas sonrisas...) 



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lunes, 24 de enero de 2011

¿Por qué las motos también son para el invierno?

¡Qué bonito es ser motero! ¿o no...? ¿sólo en verano? ¿o merece la pena probar también en invierno...?

En verano te asas dentro del casco, te deshidratas bajo la cazadora, tus pies se cuecen dentro de las botas; claro, tienes la opción de ponerte un pantalón corto, unas chanclas y ya está, eso sí es comodidad (y todavía te sobra el casco), aunque por seguridad siempre llevas la cazadora y zapato cerrado.. resumiendo: nada mejor que la Primavera y el Otoño para usar la moto!



Invierno: frío, lluvia, niebla, hielo, nieve, viento, más frío, mucha más lluvia... cualquiera con dos dedos de frente diría que no es tiempo de moto... o "casi" cualquiera ;-)



En invierno te abrigas, te mojas, te vuelves a mojar, se te congelan las manos, los pies, vas de viaje y tus amigos te reciben con los brazos abiertos, te llevan a un lugar tremendamente acogedor en el que tras desparramar cazadoras, guantes, cascos... sobre todos los radiadores libres que encuentres, comes, charlas y ves llover a través de la ventana, te olvidas del tiempo y ríes con ellos.


Luego continúas la excursión y te sientes parte de la lluvia, se te mojan hasta las ideas pero disfrutas de la ruta ("qué bonito se vería sin esa cortina de lluvia", piensas...); haces fotos aun a riesgo de estropear la cámara, te crees inmune a esas gotas que te calan poco a poco y a ese escalofrío que se te cuela por el cuello.



Llegas al hotel, DISFRUTAS de esa ducha caliente y te vuelves parte del mundo real, además de sentirte ligero como una pluma.


Al día siguiente emprendes el camino de vuelta. Mejor tiempo, paisaje espectacular tras la lluvia, hojas caídas, colores impresionantes...



Y aparece la niebla en las alturas, esa maldita niebla que no te deja ver más allá de tus narices...  y de la que estás deseando librarte, perderla de vista tan pronto desciendes un par de km. y descubrir lo que se esconde detrás...


No siempre llueve en invierno -aunque lo parezca- también existen esos días en los que el viento helado del Norte te acompaña durante todo el camino y hace que los paisajes estén limpios, que los colores se muestren en todo su esplendor...


En invierno hay muchas menos horas de luz, vuelves con la puesta de sol, te paras a ver cómo cae el día para dar la bienvenida a la noche y todavía tienes media tarde libre.



Entras en casa helado pero con una gran sonrisa y ligero como una pluma, abres el grifo de la ducha y te dispones a disfrutar del relax que te ha proporcionado esa pequeña escapada... 

¿Seguro que no es tiempo de moto? (Si no te he convencido, prueba y verás...)

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