Cerdeña

viernes, 9 de noviembre de 2018

VUELTA A CERDEÑA EN 15 DÍAS

Gente amable y hospitalaria, una isla limpia y bien cuidada, paisajes de impresión, playas preciosas y tranquilas, restos arqueológicos bien conservados... todo esto y  más nos hemos encontrado en Cerdeña, una isla que nos ha dejado encantados. 15 días recorriendo Cerdeña han dado para mucho, y sobre todo para querer volver otros tantos, por lo menos.




El viaje lo hemos hecho con nuestro coche, llegando a la isla en el ferry que une Barcelona y Porto Torres. Las fechas han sido desde el 22 de junio hasta el 8 de julio. Compramos los billetes de ferry con muchísima antelación y conseguimos una oferta estupenda, lo cual hizo posible gastar un poquito más en los alojamientos, que también reservamos con bastante antelación (así pudimos encontrar los de mejor relación calidad-precio).

La salida desde Barcelona estaba prevista para la medianoche, aunque nos avisaban ya a media mañana, vía sms, de que saldría con retraso (a  las 5 de la mañana). Como compensación, a la hora del check-in nos regalaron unos bocadillos y unas aguas. Al día siguiente, también nos invitaron a la comida en el restaurante.
El primer día en Cerdeña no fue como habíamos esperado, ya que teníamos previstas varias paradas y al haber llegado tan tarde, lo único que pudimos hacer es disfrutar de los paisajes desde el coche. Al no haber dormido casi nada la noche anterior, preferimos acostarnos nada más llegar al alojamiento, en Santa Teresa de Gallura. Una disculpa perfecta para volver...


El segundo día nos dirigimos a Palau, para embarcarnos en una visita a la isla de la Maddalena. Allí conocimos alguna de sus playas de agua azul turquesa e hicimos una pequeña caminata.






Ya de vuelta en Santa Teresa de Gallura, nos fuimos a disfrutar la puesta de sol desde Punta Falcone, a través de los senderos que parten desde la torre di Longosardo y desde la playa Rena Bianca. Cena en la Piazza Vittorio Emanuele I, disfrutando del ambiente.





Al día siguiente, nos dirigimos hacia Capo Testa y el Valle de la Luna, ya que no queríamos dejar de visitarlos. Nada más llegar nos encontramos con un control de los carabinieri; nos preguntaban algo sobre un perro y miraban dentro del coche, a nosotros, al niño... Nuestro italiano es muy básico, así que no entendíamos lo que querían, ya que era obvio que no teníamos perro... Tras unos momentos un tanto surrealistas con el dichoso chucho y un carabinieri descamisado, nos explicaron que el perro que buscaban no era perro, sino porro... buscaban marihuana. 



Capo Testa fue puerto romano y con la piedra allí extraída se construyeron el Duomo y el Baptisterio de Pisa; se dice que también el Panteón de Roma.





Una pequeña caminata nos llevaría a través de los senderos que, entre enormes piedras y matorrales, se adentran en este precioso valle. Hacía mucho viento y calor, así que decidimos no extendernos mucho en la excursión, para seguir camino hacia el Sur, hacia Cala Gonone, nuestra siguiente parada.








Durante esta etapa, nuestra parada más relevante sería para visitar el complejo nurágico de La Prisgiona, y la tumba de los gigantes de Coddu Vecchiu, muy cerquita (de hecho, se compra la entrada en el lugar en el que se encuentra el complejo y se llega caminando de un lugar a otro en pocos minutos).

Situados en Capichera (Arzachena), no nos dejaron indiferentes ninguno de los dos lugares. 

El Nuraghe es una gran torre megalítica construída en piedra. Este complejo en concreto, está formado por más de 90 edificios y aproximadamente 5 hectáreas de terreno y se calcula que habrá más del doble de edificios bajo tierra. Ocupado entre 1300 y 800 a.d.C., incorpora una aldea de la edad de bronce parcialmente restaurada. Existen pasarelas de madera por las que se accede y se visita la parte central de la aldea. La torre central del nuraghe mide 6 metros de alto y cuenta incluso con una escalera de caracol. Tiene calles, un pozo (que sigue activo) y una "choza de reunión" en la que se ven varios compartimentos situados alrededor de un banco circular; en las chozas se pueden ver una especie de muebles de piedra. Impresionante.



La tumba de los gigantes de Coddu Vecchiu en realidad no es la tumba de ningún gigante, sino un monumento funerario de grandes dimensiones, utilizado como tumba colectiva (podían caber entre 100 y 300 fallecidos con sus ajuares). Llama la atención la gran losa central (sobre 2 metros) y una pequeña puerta en el centro. En el interior, la cámara funeraria. Al parecer, en sus inicios la cámara estaba enterrada. A los niños les llama la atención tanto las medidas de la losa como de la puerta, que parece hecha para algún animal doméstico y las preguntas sobre gigantes se sucedieron durante el rato que estuvimos allí, con el ruido de las cigarras de fondo y los lagartos tostándose al sol. 



 

El resto de la etapa hasta llegar a Cala Gonone lo hicimos por carreteras de interior, en buen estado y con hermosas curvas y paisajes.





La llegada a Cala Gonone se hace a través de una carretera de montaña con unas cuantas tornanti, único modo de acceso. Al llegar y tras tomar posesión del alojamiento, un paseíto para situarnos, cena ligera y a dormir. 


Al día siguiente habíamos pensado alguilar barco para acercarnos a las famosas calas vecinas, como son Cala Luna, Cala Goloritzè o la cueva del Bue Marino, pero no fue posible, ya que hacía mucho viento, el mar estaba picado y no salía ningún tipo de embarcación. Decidimos aprovechar la mañana para estar en la playa tranquilamente y después de comer en un restaurante frente al mar, dar un paseo visitando su acuario. Resultó ser muy agradable y de dimensiones perfectas para estar un par de horas. 








Siguiente etapa, dirección Cagliari. Una ruta por una espectacular carretera de montaña que nos llevaría a través del Parque Nacional del Golfo de Orosei - Gennargentu. En uno de los miradores, desde el que se divisa la Garganta de Gurropu, paramos a observar mariposas, insectos palo, algún águila y diferentes aves que viven en estas montañas. 










A la salida de tanta curva, vistas sobre una gran llanura, vuelta a carretera costera...




Y parada en Arbatax para observar sus famosas Rocce Rosse, que emergen del mar en un color tan diferente de las que las rodean. 



La comida, a la sombra de los árboles en la hermosa playa de Foxi Lioni, en la que disfrutamos de la arena, el agua, el sol, la brisa... 



El resto de la etapa, a través de una carretera con vistas hacia el mar, playas (no las voy a numerar, ya que son tantas y tan bonitas, que se hace difícil elegir, pero en general aguas cristalinas, temperatura del agua perfecta sin ser caldosa y muy agradables), torres... final de etapa en Cagliari, la capital de Cerdeña.



 


 
Un paréntesis gastronómico: todas las pizzas que hemos comido en Cerdeña han resultado ser exquisitas y el resto de platos que pudimos degustar, muy ricos. En cuanto al pan, no encontramos un solo lugar en el que estuviese bueno. A cambio, ponen como acompañamiento una panera en la que sirven pan muy, muy fino y casi siempre recién hecho, doblado sobre sí mismo y partido en trozos irregulares (pan carassau, muy similar a la pita); si compráis los paquetes que venden en los supermercados y los mantenéis bien cerrados entre picoteo y picoteo, se mantendrá crujiente mucho tiempo (estamos en octubre y hace poco que acabamos el que compramos en cantidades industriales, todavía crujiente).

Nos llamó la atención que en los supermercados no se vende mucha verdura. Sí lechugas variadas, tomates, pimientos... pero otras clases de verduras como pueden ser judías, brécol, calabacín... era misión casi imposible.


Primera mañana en Cagliari y  decidimos dirigirnos hacia las ruinas de Nora, en la localidad de Pula. Es uno de los sitios arqueológicos más famosos y visitados de Cerdeña, sólo se puede visitar cuando se forma un grupo y con los guías oficiales. 



Está situada al lado de la playa de Nora y ese día hacía bastante viento




Primero fenicia, luego cartaginesa y finalmente romana, está muy bien conservada y la visita es muy interesante. De aquí partían todas las vías romanas de la isla y su teatro tenía más de mil plazas. Cada año, en el mes de julio, tiene lugar la "Notte dei poeti", con teatro, poesía, música... en un lugar mágico y privilegiado...



Continuamos la excursión dirigiéndonos hacia  el Oeste, para tomar un desvío que nos llevaría por la SP71, con unas vistas espectaculares...









Terminamos la tarde en la Isla de Sant'Antioco, paseando y disfrutando de su calma...



Camino a Cagliari, disfrutamos un ratillo de la puesta de sol en un lugar solitario y aislado de todo ruido, entre un castillo y campos de cereales...





Al día siguiente tocaba perdernos por Cagliari, la capital de la isla, con más de dos milenios de existencia. 
Aparcamos en la zona del puerto y fuimos subiendo hacia el Barrio de Castello y el Bastión de San Remy, desde donde hay una completa panorámica de toda la ciudad. Callejeamos con calma, saboreando cada rincón de sombra, ya que hacía mucha calor. No nos resultó una ciudad especialmente bonita, pero sí agradable.









Aquí vivieron fenicios, cartagineses, romanos, vándalos, bizantinos, árabes, pisanos, catalano-aragoneses...

Subimos callejuelas empinadas y solitarias, 





Visitamos su catedral...








Descubrimos la Torre del Elefante (llamada así por la escultura de un elefante de mármol que observa la ciudad desde su parte frontal), una torre defensiva levantada por los pisanos ante la ofensiva aragonesa...


Descubrimos sus coloridos rincones...



Y fuimos de compras al mercado de San Benedetto, en el barrio que le da nombre. Este es el mercado cívico cubierto más grande de Europa, con una superficie de 8000 metros cuadrados, dos plantas y 238 puestos de venta con un ambiente de lo más animado e italiano. 





A la mañana siguiente, continuamos viaje hacia Oristano, donde haríamos noche. La carretera que nos llevaría a Porto Flavia, espectacular también en paisajes y curvas...



Fijaos bien en esta foto...



Según se avanza, se intuye que puede no ser lo que parece...



Más cerca...



Ahí está... se trataba de un islote!  Este islote tiene el nombre de Pan de Zucchero y frena parte de la fuerza del viento que se proyecta sobre la salida de un curioso puerto.



Un par de playas abarrotadísimas nos daban la bienvenida





Nos encontrábamos en la región de Iglesias, de pasado minero y hoy día una de las zonas más pobres de la isla. La visita es guiada y merece absolutamente la pena, aunque sólo sea por conocer el proyecto que ideó el ingeniero Cesare Vecelli.



Porto Flavia es en realidad un puerto marítimo, ya que se creó como puerto para la carga directa de minerales en las bodegas de los barcos que luego los transportarían a otros puertos más grandes.



La salida de la galería en la que se almacenaban los minerales está situada justo frente al Pan di Zucchero.

Y para más información y fotos, mejor pincháis en el siguiente enlace. Os recomiendo encarecidamente que seais curiosos con este importantísimo proyecto de ingeniería:

INFORMACION SOBRE PORTO FLAVIA


El siguiente alto en el camino sería la Playa de Piscinas, situada en las Dunas de Piscinas, a las que se accede a través de una zona minera que parece el decorado de una película estilo Mad Max...





Una playa en pleno desierto, es lo que nos encontramos...















 

Con instrucciones de cómo actuar en caso de encontrar tortugas...



Llegamos a Oristano tarde, llenos de salitre y con hambre de una de esas pizzas que quitan el hipo. 

Al día siguiente, tocaba paseo descubriendo Oristano y dedicando la tarde a descansar...











Seguíamos camino hacia el Norte, parando a visitar la famosa playa de Is Arutas, formada por millones de granos de cuarzo, de los que no te puedes llevar ni uno solo, bajo penas de multa elevadísimas. Es una playa preciosa, aunque bastante llena (ya había empezado julio y se notaba el aumento de visitantes).







Continuamos ruta con alguna que otra parada para disfrutar del sol y de las aguas cristalinas, de los pececillos que nos hacían compañía y de la gastronomía local, por supuesto...







Pusimos rumbo a Alguero, a través de una carretera de costa impresionante, para llegar justo con la puesta de sol













Otro día y una ciudad muy agradable y bonita, la villa sardo-catalana de Alguero, que debe su nombre a las algas que se depositan en una de sus playas tras los temporales.

Un bonito paseo, deambulando por sus calles... El casco antiguo de la ciudad data del siglo XII, y antiguamente era una villa de pescadores, pero hoy día está enfocada al turismo.


















Disfrutamos de la comida en una terraza de las muchas que hay con vistas al mar, intentando aprovechar la poca brisa que corría, ya que la temperatura y la humedad eran bastante altas.

Después del capuccino y el helado, de nuevo al coche para dirigirnos al Capo Caccia. Impresionante! 





Y allí descendimos a un lugar con más de 10 millones de años de antigüedad, bajando los 656 escalones que nos dejaron con la boca abierta de pensar en las personas que construyeron este acceso a la gruta. Si tenéis vértigo, el barco será la mejor opción, aunque el camino es ancho y el muro que lo protege suficiente altura como para no ser peligroso. Personalmente, considero necesaria la bajada caminando.











Sólo por notar el frescor que hay dentro de la gruta ya vale la pena bajar. Únicamente accesible con visita guiada, que se nos hizo corta y a la que el guía no le ponía pasión en absoluto, una pena.



Fue descubierta en 1500 por un grupo de pescadores de Alghero y antiguamente había una colonia de focas, que fueron desapareciendo paulatinamente y actualmente no existe. 











Terminada la visita, tocaba subir los 656 escalones y, aunque ya daba la sombra, la calor seguía siendo insufrible debido a la elevada humedad, con lo que llegamos arriba exhaustos y necesitados de mucha agua, pues habíamos terminado la que llevábamos en la mochila.



Las vistas desde el cabo son espectaculares...

Dejábamos atrás Capo Caccia, para disfrutar nuevamente de otra puesta de sol, esta vez en el paseo de la playa de Maria Pia, aunque no tan espectacular como las de días anteriores





Ya quedaba poco de viaje (exactamente un día) y nos daba mucha pena que se acabase; habían sido dos semanas aprovechadas al máximo entre visitas y relax. Pasábamos parte de la última noche a 15 minutos de Porto Torres (digo parte porque nos teníamos que levantar a las cuatro de la mañana para embarcarnos en el ferry), así que decidimos disfrutar de la playa. 
Aunque habíamos leído que la Playa de la Pelosa era la más espectacular de la isla, nos la íbamos a saltar, ya que llevábamos días viendo playas espectaculares, pero en el último momento decidimos acercarnos y comprobar si era cierto...

Es-pec-ta-cu-lar!! ¿el qué? EL AZUL DEL MAR!!  y el enclave también...









Decidimos no bajar, porque estaba ABARROTADÍSIMA!! y lo que se dice arena... pues no había mucha, la verdad...


Y sí mucha gente y coches aparcados por todas partes...


Camino de allí habíamos visto más playas, y decidimos dirigirnos a una de ellas; resultó ser nuestra playa ideal... con piedrecillas finas que no molestaban y se convertían en suelo duro y firme al entrar en el agua, para luego encontrarnos con una línea de arena fina y suave que acariciaba nuestros pies, y otra línea de algas que escondían diferentes tipos de pececillos que nadaban tranquilamente al alcance de nuestras manos; todo ello regado con agua cristalina, limpia, de una perfecta temperatura... Disfrutamos como niños, nos relajamos totalmente y repasamos mentalmente el viaje tan maravilloso que habíamos tenido...




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