Carcassonne

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domingo, 24 de octubre de 2010

Ruta 2, sábado 3 de octubre de 2009



Mapa de la ruta (aprox. 355 km.): Mapa
De nuevo un sábado, pero algo más temprano; este día íbamos a hacer una de las rutas más bonitas del interior de Galicia.

La mañana despertaba brumosa, algo típico aquí en las zonas de costa entre finales de agosto y octubre, una bruma fea que no deja apreciar el paisaje y que invita a escapar tierra adentro, así que eso mismo es lo que hicimos.

Siempre que pasamos por el Estrecho de Rande me vienen a la memoria los galeones hundidos en estas aguas hace muchos, muchos años, de los que Julio Verne hablaba en su libro “20.000 leguas de Viaje Submarino”. Si queréis conocer la historia completa de esos galeones de una manera fácil y entretenida, el libro de Luis Melero “Oro entre brumas” os ayudará; aquí podéis leer una entrevista que le hicieron cuando publicó el libro Entrevista; mientras tanto, va un pequeño resumen:

“El 15 de octubre de 1702 entró en la ría de Vigo el cargamento más rico venido de América desde el descubrimiento. Diecinueve galeones españoles, escoltados por veintitrés barcos de guerra franceses, portaban ciento ocho millones de piezas de plata, oro y otras mercancías preciosas destinadas a costear la Guerra de Sucesión en favor de Felipe V. Retrasos burocráticos permitieron la llegada de una flota de piratas anglo-holandeses que, tras feroz batalla, se llevaron unos cuarenta millones de piezas. El resto permanece, hoy, en el fondo de la ría viguesa”.  

En Arcade nos desviamos hacia Soutomaior y su castillo, empezando ya con algunas buenas curvas. Si no conocéis el castillo, vale la pena hacer una parada simplemente para dar un paseo por sus jardines, impresionantes. En él os podréis sentir como señores feudales 

Continuamos cruzando Pazos de Borbén, observando ya las estribaciones de la Serra do Suído, hacia donde nos dirigíamos, bordeando durante un rato el embalse de Eiras; allí siempre apetece pararse y escuchar la calma que reina en este pequeño pueblo


Después atravesaríamos Fornelos de Montes, enlazando con la carretera que va de Pontevedra a Mondariz (estupenda para hacer en moto, por cierto), llegando a Gaxate, donde se pueden observar algunas antiguas casas muy curiosas; justo después de la que véis en la foto se encuentra el desvío hacia la Serra do Suído


Nada más comenzar la subida, el disfrute de la ruta crece a medida que se va ganando altura; metidos ya en plena montaña, la carretera parece acabarse al llegar a la iglesia de Cristo de Xende, pero no temáis, continuad todo recto (hace un mes estuvimos también por allí y coincidió la salida de misa, la sensación es de que te has metido en medio de un callejón sin salida lleno de gente , pero nada más lejos de la realidad)


Descubriréis entonces una maravilla de paisajes y carretera, caballos pastando, vacas rumiando tranquilamente mientras dan de mamar a su ternerito (que levanta la cabeza para ver pasar una moto):


Todo ello aderezado con unas preciosas vistas sobre los montes de Pontevedra y Ourense... 

Una vez en lo alto y tras haber pasado el Santuario das Ermidas, comienza la bajada hacia el pueblo de Avión, famoso por los suntuosos chalets construídos por los que emigraron a América y que al volver querían demostrar lo bien que les había ido la vida al otro lado del charco. La bajada es impresionante si no hay brumas, con algunas “tornanti” que no envidian nada a las italianas (si con este comentario alguno se cree que va a encontrar los Alpes en Galicia, que lo descarte, cada cosa en su sitio).

Pasaba ya la hora políticamente correcta para comer y los estómagos pedían algo a gritos, así que hicimos una cosa muy “típicamente gallega”: irnos a comer pulpo a Carballiño.
¿Por qué tiene tanta fama el pulpo en el interior de Galicia? ¿Por qué el mejor pulpo a la gallega se come en el interior? ¿Por qué es más barato comer pulpo en Ourense o Lugo que en A Coruña o Pontevedra? Muchos misterios de los que no daré solución aquí, ni creo que haya alguien que sepa responder a ciencia cierta (como máximo, os contarán una de las numerosas versiones que exiten al respecto y que al final os ayudará a continuar con la duda).

Después de un café muy rico en una terraza de la Plaza del Ayuntamiento (aprovechando el solecillo, con el mapa entre manos y decidiendo la ruta de la tarde), tomamos camino del impresionante Monasterio cisterciense de Santa María de Oseira, la primera fundación del císter en Galicia
 














Muy bien restaurado, es lugar de retiro para alguna gente que quiere alejarse del mundanal ruido y pasar unos días en absoluta tranquilidad de espíritu. Si pasáis, hacedme un favor, no dejéis de visitarlo, es espectacular tanto el enclave como el edificio (existen visitas guiadas, duran 2 horas y no os arrepentiréis). Oseira


De aquí, podríamos haber continuado ruta sin volver atrás, pero estábamos en el municipio de Cea y no tiene perdón pasar por allí sin llevarse una muestra de su producto más conocido...

El pan de Cea, con Indicación Geográfica Protegida, tiene una historia tan rica como su sabor: Pan de Cea

Y allá nos fuimos con la “peza” de pan calentita en el topcase. ¿A dónde? Pues continuamos hacia la provincia de Lugo para dirigirnos a la Ribeira Sacra Lucense, atravesando grandes valles, pequeños pueblos, colinas encantadoras... dejándonos llevar por la calma del ambiente, el color del otoño insinuándose, el nulo tráfico (bueeeno, varios tractores, así que con cuidado, ya que son carreteras estrechas y poco transitadas, por lo que la gente se fía e invaden con el tractor toda la calzada)...


Para llegar ya a orillas del Miño y perdernos en las bajadas y subidas de la carretera, dejando caer la tarde... 
Por toda esta zona abundan los castaños y es muy fácil pararse en la orilla de la carretera y hacer una pequeña recolección en los arcenes, aunque todavía les faltaba un poco y las que había eran muy pequeñas, así que nos fuimos con las manos vacías.

¿Dónde estábamos?



Nos despedimos de la provincia de Lugo en el embalse de Os Peares y dimos de nuevo la bienvenida a la provincia de Ourense, acabando la ruta en el Puerto Deportivo de Rivela y dejando que se hiciese de noche en su terraza sobre el río con música ambiente de Toreros Muertos, Gabinete Caligari, Siniestro Total...


Ruta 1, sábado 12 de septiembre de 2009



Mapa de la ruta (aprox. 325 km.): Mapa
Habíamos decidido irnos a comer a Portugal. Rafa nos acompañó con la condición de parar a tomar un café con pastelito en Caminha al caer la tarde.

Sábado y sin necesidad de madrugar, habíamos puesto la cita para las 11:00. Un pequeño tramo de autovía y nos encaminamos hacia A Cañiza por la Nacional, carretera de curvas rápidas muy transitada por los moteros de esta zona.

A Cañiza era hace años parada obligatoria cuando salías de viaje; allí había que hacer un alto en el camino siempre y comerse un bocadillo de jamón. Una vez entró en funcionamiento la autovía, los bares de la zona perdieron mucha clientela, aunque los jamones siguen vendiéndose y continúan haciendo famoso al pueblo.

De allí hacia Arbo, población pegada al Miño, y una de las entradas a Portugal desde Galicia. Tras cruzar el puente y justo antes de entrar en Melgaço, desvío a la derecha para rodar ya por las carreteras comarcales portuguesas (una gozada para hacer en moto, pero peligrosas a veces debido a la inexistencia de arcenes, tránsito de tractores o peatones en la calzada). Tras unas bonitas curvas atravesando pueblos y sobrevolando valles, llegada a Lamas de Mouro, puerta del Parque Nacional Peneda-Gêres. Ahí nos adentramos en el siempre paisaje espectacular de la Serra da Peneda (foto tomada 3 meses más tarde, en diciembre).

Tras quilómetros de rocas y arbustos, llegamos a Gavieira, situada sobre un alto en una de las numerosas faldas del extinguido glaciar do Vez,  al abrigo de la Serra da Peneda.  Esta zona es un paraíso para los senderistas, que la conocen como “el pequeño Tibet”, debido a las terrazas (un pelín exagerado el apelativo, creo yo).


En medio del pueblo tuvimos que parar y dejar trabajar al panadero que entregaba sus panes a domicilio mientras charlábamos un rato
Cruzamos entre las casas bajo la atenta mirada de algunos vecinos y aparcamos las motos al lado de un “espigueiro” y de los buzones, en la parada de taxi; la labor más importante de los "espigueiros" es la de guardar las espigas de maíz para protegerlas de los roedores y la humedad; en castellano son conocidos como “hórreos” y son típicos sobre todo en Galicia y Asturias, aunque en cada zona tienen una construcción y características diferentes.
Tras la iglesia, nos encontramos con un grupo de "espigueiros" bastante mal conservados y descuidados; desde allí podíamos observar a gusto los campos cerrados con los típicos muros de piedra suelta

La parte más antigua del pueblo nos muestra cómo se vivía hace muchos años, en pequeñas casas de piedra y madera, con las cuadras debajo de las habitaciones para que la calor de los animales sirviese de calefacción. Un riachuelo de agua en medio de la calle y algunas gallinas contoneándose con sus plumas completaban la estampa...

Una vez dejamos atrás Gavieira, continuamos camino por la Serra de Soajo. 
En el interior de Portugal todavía se pueden ver bastantes señoras mayores vestidas completamente de negro, con la cabeza cubierta por el pañuelo o en otros casos por sombreros de paja. También es muy común ver pequeñas motos que parecen salidas de un album de fotos de nuestros bisabuelos y todo esto no deja de ser curioso, porque son imágenes que se pelean bastante con el respeto por el diseño y la arquitectura modernistas que se ven en numerosas casas y tiendas de decoración, o los coches último modelo que se encuentra uno por todas las carreteras del país.

En la población de Soajo existe otro conjunto de “espigueiros” muy bien restaurados, contruídos en círculo sobre unas grandes rocas que servían para extender el maíz y dejarlo secar al sol

Tras unas consumiciones bien frescas en una antigua capilla que hoy día ha sido transformada en cafetería, continuamos camino, subiendo ya por la Serra Amarela hacia el restaurante en el que habíamos reservado para comer; la carretera de curvas, curvas y curvas, casi tocando el cielo y con unas estupendas vistas, aunque con algo de bruma en la lejanía...


El restaurante O Abocanhado se encuentra en el pueblo de Brufe, es necesario reservar con antelación, ya que es mucha la gente que se acerca hasta allí para degustar sus ricos platos Restaurante. Tiene unas maravillosas vistas sobre el Vale do Río Homen y ha sido premiado en diferentes ocasiones por su arquitectura integrada perfectamente en el paisaje. Y tanto... una vez allí, se ve un pequeño parking y una terraza cubierta de hierba con caballos pastando libres sobre ella. La sorpresa viene cuando descubres unas claraboyas y unas chimeneas en el suelo de la terraza ¡estamos sobre el restaurante!
 

Bajamos por unas escaleras y allí está, en madera, escondido en un terreno muy bien cuidado y con unas vistas de verdad impresionantes...


Tras unos ricos platos de cabrito, jabalí y pollo casero, obligatorio bajar la comida dando un paseo por este maravilloso pueblo que esconde rincones de verdad bucólicos, como reza este cartel a la entrada
 

 
Foto testimonial y comenzamos la vuelta hacia Ponte da Barca, no sin antes descubrir nuevos rincones en la Serra Amarela

Continuamos la marcha hacia Caminha, ya por autovía si queríamos llegar antes de que anocheciese y allí, en la siempre animada plaza del Ayuntamiento, con un café y un pastelito, hablamos de lo divino y de lo humano, dejando que el día se terminase y la noche nos diese la bienvenida...