Carcassonne

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Francia y Bélgica en autocaravana

Una nueva experiencia ha hecho que este viaje sea especial para los tres. Alquilar una autocaravana y salir a recorrer Europa siempre había sido algo apetecible, pero lo habíamos dejado "para más adelante", al ser los viajes en moto la mejor opción mientras éramos sólo dos. Tras pensarlo bien, este año decidimos que viajar como los caracoles, con la casa a cuestas, sería una opción divertida y cómoda. 

Algo que nos ha llamado la atención durante el viaje es el menor número de motos con las que nos hemos cruzado; muy pocas, a decir verdad. Otra es que, siendo Francia el paraíso para el autocaravanismo, con infinidad de áreas de descanso, campings, zonas para vaciado... y conociendo la fama de Bélgica por el número de gente que elige la autocaravana como vehículo para salir de viaje, en este último país hemos encontrado muy pocos lugares adecuados para pernoctar, llenar o vaciar aguas. 


La primera parada de este viaje, en Hospital de Órbigo (León) para visitar a unos buenos amigos. Al día siguiente, un descanso en Olmillos nos depararía una sorpresa... habíamos encontrado aparcamiento a la sombra de un gran árbol y estábamos en plena maniobra cuando tuvo lugar esta conversación entre nuestro hijo y nosotros: 

Él: ¿dónde están los niños? 
Nosotros: ¿qué niños? 
Él: Esos que hablan 
Nosotros (con cara de ¿? y para nuestros adentros): No se oye nada... 
Él: ¿dónde están?
Nosotros: ¿?

Nada más abrir la puerta, del árbol empezaron a bajar niños mientras se oía desde una rama: "eh, que estamos aquí arriba!". 

Siete niños de distintas edades habían visto interrumpida su charla en las ramas del árbol y decidieron interrogarnos sobre nuestra procedencia, destino, características de la autocaravana e incluso se ofrecieron a contarnos la historia de su pueblo y ejercer de guías (muchas gracias, chicos, por guiarnos y hacernos recordar lo divertido que era subirse a los árboles ). 

















En Francia ya, salimos de la autovía para recorrer carreteras comarcales entre viñedos, en la zona de St-Emilion. Os recomiendo visitar este pueblo, que aparte de turístico, es precioso (conviene aislarse de todo el conglomerado de tiendas enfocadas al turismo y disfrutar de sus casas, de sus calles estrechas, su calma...). 

 













En Caen (Normandía), paramos para visitar a mi hermano y descansar un par de días (además de refrescarnos de la calor sufrida durante el viaje). De nuevo el Mont St-Michel y el Pays d´Auge, dos excursiones clásicas en Normandía y en las que hicimos de guías con Antonio y Arantcha, unos buenos amigos.


Continuando viaje a través de la región de Picardía...





Llegamos a Amiens, para visitar su catedral... la más grande de Francia, monumento histórico y catalogada como obra maestra del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

 









Sencillamente, impresionante...


 















A través de Arras y Lille entraríamos en Bélgica para dirigirnos a Brujas, pernoctar en su camping (caro y apretujado), olvidarnos de la autocaravana y recorrer la ciudad en bicicleta, es decir, un día delicioso en una ciudad de cuento, tranquila pese al turismo, silenciosa debido al poco tráfico de coches y amable en el trato a los visitantes). 










Gante sería nuestro siguiente objetivo. Igualmente bella, más grande, universitaria, alegre (muy alegre). Más canales, edificios preciosos, una iglesia con un mercadillo dentro... 





 


Ahí pasaríamos la noche en las afueras, a orillas de uno de los muchos canales existentes en la zona, como si de una gabarra se tratara y con el sonido de los pájaros como banda sonora...


Bélgica está pensado para circular en bicicleta o salir de paseo a caminar. Es un país llano, con carreteras anchas, carril bici ancho, carril paseo ancho... ni un solo hueco de carretera sin casas, sin comarcales que inviten a explorar fuera de las carreteras principales, sin curvas... un poco aburrido para circular, una vez disfrutados los primeros quilómetros de casas inmaculadas con jardines inmaculados (al menos, la zona que hemos recorrido). En cuando al idioma, un poco caótico. En el país conviven tres indiomas oficiales, el neerlandés, el francés y el alemán, dependiendo de la zona. Además tienen algo de tirria a sus vecinos los franceses; en la zona de Brujas, la respuesta era que "preferiblemente en inglés, mi francés es muy malo" y en la zona Este, todas las señales de carretera, publicidad, carteles de negocios... están en francés y el trato es igualmente en francés. 
























En Malinas y Lovaina descubrimos dos ciudades pequeñas, agradables, universitarias y de terrazas, muchas y animadas. Las bicicletas de todo tipo como principales vehículos y la falta de tráfico como algo maravilloso.



 




















Las Ardennes, el Valle de la Meuse y la región de Champagne, en Francia, siguiente etapa. 





A medio camino, Woinic, "El Jabalí más grande del Mundo"...



La catedral de Reims siguiente parada cultural, lugar de consagración de los reyes franceses. Dato curioso: una de sus campanas, llamada Charlotte (en honor a un cardenal de nombre Carlos), pesa más de 10.000 quilos. Esta catedral fue calificada de "mártir" tras la Primera Guerra Mundial, al ser bombardeada en varias ocasiones, por considerarla los alemanes un símbolo nacional de Francia. Asimismo, supera en número de estatuas (2.303) a las demás catedrales de Europa.






















Parada-premio del viaje para el peque (de acuerdo, también para los padres), por haberse portado de 9 (de 10 es imposible, pero casi ;-)): el parque de atracciones de Nigloland, al Este de Troyes, en el que tanto pequeños (hasta 1 m.) como mayores, pueden montar en "casi" todo. 




Y llegaba el final de este experimento-viaje-autocaravana, al que le habríamos añadido unos días más, para no tener que hacer etapas de principio y final tan largas (es el precio que debemos pagar por vivir en esta esquinita) y le habríamos bajado la intensidad al sol, ya que hemos pasado mucha calor (vaaale, en Normandía noooo...).