Carcassonne

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lunes, 18 de octubre de 2010

Viaje a Córcega, realizado en abril 2010

(km. recorridos: 4.635)
1ª etapa: Domaio-Pau (Francia), 950 km.
 
¿Quién ha dicho que el número 12+1 trae mala suerte? este viaje comienza un martes 13 y dura precisamente 13 días.

Como siempre, la primera etapa por autovía a Benavente, cambio a carretera Nacional y una vez en Palencia, de nuevo autovía hasta la frontera.

Salíamos de casa con 11 grados, la temperatura bajaba hasta quedar en unos 5-7 grados en Burgos, con viento y algunas gotas. A partir de ahí, el viento cesaba y volvíamos a los 11 grados, donde se mantuvo el resto de la tarde.

El hotel del primer día estaba reservado, ya que no queríamos perder tiempo buscando donde dormir.
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2ª etapa: Pau-Marseille, 550 km.


Tras un buen desayuno, en marcha hacia la autopista de los Pirineos, muy aburrida y en la que nos solemos desviar antes de llegar a Toulouse, para romper la monotonía y disfrutar de unas curvas suaves entre agradables campos...

 

Sin olvidar un descanso para estirar las piernas y refrescarnos observando la vida en el Canal du Midi en temporada baja (aunque con algunos colegios de vacaciones).
 

En la Esclusa de Gardouch, Canal du Midi
A continuación, de nuevo autopista hasta Marsella, donde cogeríamos el ferry rumbo a "La Isla de la Belleza", como se la conoce en Francia. 



El billete, comprado a través de Internet Compra billetes ferry. En él pedía estar en el muelle de embarque a las 17:30, aunque para evitar colas lo hicimos media hora más tarde; ni coches ni gente esperando, nadie absolutamente, así que directos para dentro. A parte de la nuestra, las otras motos que había eran de la tripulación, ningún otro motero se embarcaba para Córcega esa tarde.
El ferry tenía salida prevista a las 19:30, así que llevamos las cosas a la habitación, nos cambiamos y nos dispusimos a disfrutar de la salida de uno de los barcos más modernos de la flota, el Kalliste, que a las 19:30 en punto estaba levando anclas. La llegada a Bastia estaba prevista
al día siguiente, con las luces del amanecer.
 


 

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3ª etapa: Bastia-Patrimonio, 165 km.
 
6:15 de la mañana, una voz en off nos dice "Buenos días, señoras y señores. Si desean desayunar, el restaurante abrirá sus puertas en 15 minutos para ofrecerles un desayuno buffet. Asimismo, les informamos que la llegada a Bastia será sobre las 7:00". Como no íbamos a desayunar a bordo, dormitamos un rato más y una vez duchados, vestidos y guardado todo en las bolsas, nos dirijimos a cubierta para observar la llegada a puerto y el amanecer.



La cubierta superior estaba vacía y la gente que se asomaba a las inferiores lo hacía observando la ciudad de Bastia; pero se perdían un amanecer espectacular, que coincidía justo con la llegada (tanto nos gustó el momento  que cuando bajamos a buscar las bolsas, ya estaban dando aviso de que en la bodega 5 una moto se sentía sola y abandonada ).
 


Una vez en tierra, buscamos sitio para aparcar y lo encontramos en el puerto pesquero, al lado de una GS corsa; allí las dejamos hacerse compañía y nos dedicamos a disfrutar de la luz del amanecer reflejada en los edificios de Bastia, la segunda ciudad más grande de Córcega (unos 53.000 habitantes) y considerada su capital económica. 


Subimos por el Jardín Romieu y disfrutamos de una terraza al lado de la ciudadela, observando el despertar de los lugareños, todos hombres (creo que de verdad esconden a sus mujeres, como hacía Hermanocorcix con Chipolata), que se saludan entre sí o bien con dos besos o con un choque de manos (supongo que dependerá del grado de confianza que tengan).


Continuamos paseando por sus callejuelas, con un vistazo sobre los tejados y sobre el barco que nos había llevado a la isla.

Nos subimos de nuevo a la moto y pusimos rumbo "Cap Corse", recorriendo la D80, que bordea la costa, y dejando a nuestro paso pueblos tranquilos, torres genovesas (se conservan unas 67 en toda la isla), construídas a partir de 1530 y donde los vigías encendían una hoguera sobre ellas cuando divisaban barcos piratas



Después de Macinaggio vendría Rogliano, aferrado a la ladera del monte y pueblo ya habitado en época romana (desde su torre se divisaba la que vendría a continuación  y también el mar...)



La siguiente parada sería en Barcaggio, con vistas a la isla de la Giraglia, frente a la punta de Cap Corse; dos motos hacían la misma ruta que nosotros y una vez en el pueblo charlamos con uno de sus pilotos: francés, viajaba con su hijo, era su último día en la isla y habían visitado sólo la parte Norte, a razón de 100 km. diarios.
 


 







A continuación tomamos rumbo Sur para desde el Col de la Serra divisar el pequeño y tranquilo pueblo pesquero de Centuri.




¿Qué destacaría hasta ahora de Córcega, recién llegados a la isla? Lo primero, el agua... transparente, limpia, azul, apetecible... lo segundo, lo poco urbanizado que está todo pese a ser tan turística... lo tercero, la tranquilidad que se respira y las ganas de dejarse acariciar por la brisa y el mar... 


Era ya la hora de comer, pero decidimos no hacerlo en Centuri (casi todos restaurantes especializados en marisco); aun a riesgo de que no nos atendiesen, nuestro objetivo era un lugar del que habíamos oído hablar a miembros del foro http://www.bmwmotos.com/ que han visitado Córcega: L´Auberge du Chat qui pèche", en Canari. 


 Carretera ágil y estupenda para llegar allí, en buen estado y con unas vistas impresionantes, otras dos mesas acabando de comer y nosotros empezando... aire fresco, sol, música típica, dos corsos gastando bromas al camarero y unos platos ricos, ricos. Total, allí estuvimos muuucho rato dejándonos llevar por la pereza (sí, ese dolce far niente famoso), con la banda sonora de los cantos de un vecino que trabajaba en su finca.

La siguiente parada sería en Nonza, pueblo colgado de un acantilado y con vistas sobre su  playa de amianto; cerca de allí hay una mina de amianto y cuando estaba en funcionamiento, los desechos eran tirados al mar, donde las corrientes los transportaron hacia la costa, formando esta curiosa playa (la explotación minera fue desde el 1948 hasta inicios de los años 60, así que imaginaos la importancia de las extracciones para que la playa quedara así). Ah, está prohibido bañarse.
 



 

















Esa noche decidimos dormir en Patrimonio, famoso por sus vinos y su festival de guitarra Festival de Guitarra Patrimonio

Dejamos las bolsas en el hotel, nos pusimos algo más cómodos y bajamos a pasear por Saint Florent, lleno de terrazas que se preparaban para la llegada de los turistas y con los paisanos jugando a la petanca, uno de los juegos más populares en toda la zona Sur de Francia.

Como es un pueblo muy pequeño, moto de nuevo y a investigar... D82 hacia Oletta, D38 hasta el Col de Teghime y D81 hasta Patrimonio, con el sol poniéndose tras el desierto de los Agriates y un buen plato de embutido típico en la mesa.




En realidad, el famoso embutido corso os resultará fuerte (es de cerdos salvajes, lo sirven acompañado con pimentón picante, normalmente está aderezado con sal y pimienta y lo cortan bastante grueso (al parecer para que retenga mejor el sabor) y no lo curan tanto como aquí.


Finalizaba este día sufriendo bastante, como podéis observar (foto hecha por Nemesio).









Antes de continuar, algunos datos prácticos:  En pocos hoteles, restaurante, tiendas... aceptan tarjetas de crédito en esta isla (bueno, si os váis a un nivel alto sí), así que venid con efectivo (o cheques, que también se aceptan), porque tampoco hay muchos cajeros automáticos. Incluso el gobierno hace publicidad, en las marquesinas, para que los comerciantes se pasen a este sistema. Casos que se nos han dado (hoteles): en los que no aceptaban tarjeta, se nos quedaban hasta la mañana con el D.N.I. o nos cobraban por adelantado; en los que aceptaban tarjeta, o bien anotaban el número, o cobraban también por adelantado, o se quedaban con el D.N.I. o ... nada de nada hasta por la mañana.

En los hoteles, si vais con presupuesto limitado y no queréis llevaros sorpresas desagradables, preguntad si se puede ver la habitación antes, están acostumbrados y no ponen pegas.

Aunque algunos pongan que tienen wifi, se nos han dado varios casos en los que, o bien por casualidad no funcionaba en la habitación (qué raro, decían...) o de repente se iba a una página del hotel y no te dejaba ver nada más (qué raro, volvía a ser la respuesta...).

En Francia, los hoteles están obligados a poner el precio en el exterior (en algunos casos lo ponen en un cartel nada más entrar), por lo que es muy fácil cuando buscas, no tienes que entrar a preguntar.
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Carácter de los corsos? Correctos pero sin bromas (no sé en verano, cuando hay mucho turista) y no les gusta que se les moleste mucho. De todas formas, en la costa son casi todos franceses que de abril a septiembre se vienen a trabajar a la isla (desde octubre hasta abril están cerrados muchos hoteles, restaurantes ...y hay algunos pueblos que se quedan casi vacíos).
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¿Precios? Caro y en verano el doble. El Norte y el interior algo más barato.
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¿Gasolina? No existe 98, sólo 95 y diésel. ¿Precios? Cuando en Francia está de 1´34 a 1´45 en supermercados y estaciones de servicio normales, a 1´50 en autopistas... en Córcega está como mínimo a 1´43 (a ese precio sólo encontramos una gasolinera) y lo normal era entre 1´45 y 1´50
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¿Idioma? En francés e italiano indistintamente; cuando nos oían hablar entre nosotros, creían que éramos italianos y cambiaban a ese idioma.
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¿Estado de las carreteras? Las más turísticas en general muy bien y se veían muchas obras de "operación bikini"; tan pronto te alejas de las carreteras de la costa y vas hacia el interior por comarcales, la cosa cambia (baches rellenos de arena, baches sin rellenar, firme irregular, en las carreteras de montaña piedras sueltas, gravilla... pero nada grave
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4ª etapa: Patrimonio-Corte, 309 km.
 
Salimos del hotel, desayunamos en St. Florent y nos dispusimos a bordear el "Désert des Agriates" por la D81, una carretera simplemente "espectacular" para motos y además, con buenas vistas. Este es un desierto verde, que hasta mediados del siglo XIX producía trigo, aceituna, aceite de oliva, vino y fruta y que en la actualidad está invadido por el "maquis" (combinación de matorral y arbustos, que en esta época del año decora toda la isla y que se utiliza para fabricar esencias, miel e incluso helados).
 


Desvío hacia Ponte-Leccia y justo antes de llegar, giro a la derecha para hacer las Gargantas de l´Asco, 66 km. (ida y vuelta), una de las zonas más aisladas de Córcega y que acaba en la estación de esquí de Haut-Asco, a 1.450 metros, desde donde comienza el ascenso al Monte Cinto (2.706 metros).





Una vez arriba, decidimos estirar las piernas y hacer un trozo (muy pequeño) del GR 20 (Grande Randonnée 20), que cruza Córcega de noroeste a sureste, un sendero de gran recorrido que abarca 140 km., con una altitud media de entre 1.000 y 2.000 metros.

 


Media vuelta y bajada de nuevo hacia Ponte Leccia, parando a disfrutar de este hermoso paisaje...


Desde Ponte Leccia, tomamos la D71 hacia la región de La Castagniccia, una de las primeras zonas habitadas de la isla y que toma su nombre de los castaños que pueblan los montes salpicados de pequeños pueblos aislados, comunicados entre sí por carreteras estrechas y curveadas, con varios puntos para aterrizaje de helicópteros.



Morosaglia

En esta región se halla el pueblo natal de Pascal Paoli, héroe nacional durante el período de la independencia (1755-1769), su nombre es Morosaglia.


Absolutamente todos los carteles indicativos de Córcega están llenos de agujeros, se supone que de balas, aunque no descarto que los fabriquen así a propósito.

Córcega tiene una población de aproximadamente 45.000 cerdos salvajes, a los que llaman "sanglier" (jabalí), aunque no lo son. Están sueltos, pero siempre cerca de alguna granja o algún cercado; son muy tranquilos y van a lo suyo.



Tras muchas curvas y castaños, con algo de lluvia, frío y hambre, llegábamos a pueblos ya más arreglados y cercanos a la costa y nos encontrábamos con una gran recta, en la que tomamos uno de los desvíos a la playa. Allí había una especie de restaurante abandonado (o simplemente cerrado durante todo el invierno), sacamos las viandas y dimos la bienvenida a unos tímidos rayos de sol que calentaron nuestros cuerpos.



Una vez en Aléria, tomamos la N200 hacia Corte, donde encontramos una residencia de estudiantes para alojarnos esa noche (antes habíamos preguntado en un hotel versión corsa de "Psicosis", con muy buen aspecto por fuera pero... si hubiésemos dormido allí sería con el armario bloqueando la puerta y teniendo pesadillas protagonizadas por la dueña).
 

 








Un paseo por las calles de Corte, donde fue fundada la primera universidad de la isla y convertida en capital durante sus años de independencia.

 


Ya era tarde, hacía fresco y algo de lluvia, pero decidimos no perdernos una visita a las Gargantas de la Restonica, así que nos metimos de lleno en ellas,  absolutamente vacía la carretera y con la luz mágica del atardecer entre los árboles, donde pronto encontraríamos la noche...




 


















En las Bergeries de Grottelle, a 1.375 m. -unas cabañas de piedra que cobijan pastores y ovejas en verano- ya no quedaba mucha luz y el fresco se había convertido en frío, así que decidimos no demorar nuestro regreso. No nos arrepentimos en absoluto de haber subido, descubrimos una carretera y un paisaje totalmente diferentes a las Gargantas de l'Asco.




Esa noche nos hicimos el regalo de una cena en un precioso y animado restaurante llamado "Le Bip´s" (14 Cours Paoli, 20250 Corte), donde comimos muuuuy bien y en el que preparan unos profiteroles tamaño familiar (para dos personas, una ración es suficiente); en Francia los profiteroles son uno de los postres más famosos y tradicionales (en las bodas, por ejemplo, la tarta casi siempre está hecha con profiteroles), van rellenos de helado y se riegan con chocolate bien caliente antes de servirlos.
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5ª etapa: Corte-Bonifacio, 258 km

Tras un desayuno bastante copioso,  nos pusimos en marcha de nuevo, por la N 193 hacia Vivario; una granja de simpáticos burros nos saludaba a medio camino y el Viaducto de Veccio (diseñado por Eiffel) nos hacía detenernos para curiosear.

 Algo que llama la atención en Córcega es el equilibrio entre mar y alta montaña: desde pocos lugares de la isla hemos dejado de ver las cumbres nevadas, ya que en su territorio (de Este a Oeste no más de 80 km. y de Norte a Sur unos 200) existen varios picos de entre 2.200 y 2.700 metros de altura.

Desde Vivario tomamos la D 69 hacia Ghisoni, para encontrarnos con la impresionante subida al Col de Sorba, por una carretera llena de arena, estrecha y no apta para personas con vértigo. Tras él, vendría el Col di Verde y poco después nos encontraríamos con unos lugareños muy especiales... 


D 69, Col de Sorba
 "Oh, mira! jabalíes domésticos" (Obelix)
"No. Son cerdos salvajes" (Ocatarinetabelachitchix)

 

 








Continuábamos hacia Cozzano, Zicavo, el Col de la Vaccia... por carreteras de las "menos turísticas" aunque con vistas impresionantes. La temperatura bajaba cada vez más, caía algo de agua y de repente empezó a granizar, nos habíamos quedado en 4 grados...


Un cruce sin señalizar dividía en dos la carretera: una parte bien asfaltada y otra en pésimo estado que seguía subiendo. Una sola casa a la vista, un niño que jugaba en el jardín... le pregunté y respondió "puedes pasar", aunque vino él a abrirme la puerta de su casa; dentro estaba toda su familia sentada a la mesa mirándome con cara de sorpresa, así que pedí perdón y pregunté; sonrieron y respondieron encantados "todo recto por la carretera mala". Y allá fuimos... hacia Aullène, Sorbollano, Quenza, Zonza... 



Cuando comenzamos la subida hacia el Col de Bavella, por la D 268, apareció la lluvia fuerte, aunque intuíamos lo hermoso de sus vistas y lo turístico que es (esto último era obvio, el estado de la carretera es de 10). Fue una pena, porque arriba no estaba muy bonito el día para poder observar las famosas "Agujas de Bavella". 



La bajada era espectacular, el paisaje que imaginábamos también... tan pronto dejó de llover paramos la moto, sacamos la comida y dimos cuenta de ella con estas vistas y en compañía de otros tres simpáticos cerditos que se morían por cruzar la puerta y compartir nuestras viandas



Continuando la bajada, de nuevo Naturaleza sorprendente: este árbol parecía nacido en la roca




Daban ganas de volver a subir para averiguar si arriba había dejado de llover


Una vez en Solenzara, ya en la costa, tomamos dirección Porto Vecchio, después hacia Bonifacio con parada para conocer la Playa de Palombaggia, una de las más fotografiadas de la isla (apetecía quedarse, mucho, mucho, pero los hoteles que encontramos allí estaban todavía cerrados).



Seguimos camino, agotando la luz del día para llegar a Bonifacio con la puesta de sol en su fortaleza. Es curioso cómo se despierta la imaginación al llegar a estas ciudades costeras, casi todas con un fuerte que domina la bahía, escenario perfecto para alguna película de piratas. Y es que no queda tan lejos de la realidad: Bonifacio, por ejemplo, vivió durante tres siglos de la pesca y la piratería.



Como era el día de mi cumpleaños, cena-homenaje en un precioso restaurante (muy animado, ya que era sábado) dentro de la fortaleza y paseo a la luz de la luna)

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6ª etapa: Bonifacio-Bonifacio, 146 km.


Si al salir del hotel por la mañana hubiésemos sabido que había una cafetería en este lugar, no habríamos desayunado en Bonifacio. Es la Playa de Tonnara, en la que sólo se podía oir el ruido de alguna gaviota y del mar, interrumpido unos segundos por el motor de una barca...


Esa mañana salimos con la intención de mezclar moto y caminata, tomando la N196 hacia Sartène. Por el camino, desvíos hacia playas, algunos asfaltados, otros simplemente de tierra o arena, como el que lleva a la playa de Roccapina



En Sartène dimos un paseo por su casco antiguo, de callejuelas estrechas y casas asidas a las rocas, definida por Prosper Merimée (escritor, historiador y arqueólogo francés) como "la más corsa de las ciudades corsas", tanto por su historia de diferentes vendettas como por los vestigios prehistóricos de la zona; está muy enfocada al turismo, con terrazas y tiendas por todas partes, pero este día no había casi nadie.





 
















Sólo en la zona de Sartène, después de casi dos siglos de excavaciones, se han descubierto más de 500 yacimientos prehistóricos y nos habíamos propuesto visitar alguno de ellos, así que nos dirigimos hacia la meseta de Cauria, para gastar suela y ver algunos de sus menhires.


Una vez allí, la moto se deja bajo unos árboles y comienza la caminata, entre matorrales y arbustos que dan sombra al sendero; en primer lugar, están los menhires de Stantari, que conservan relieves de rostros y armas, aunque muy desgastados.


Otro rato caminando (vacas incluídas, que nos miraban curiosas ), llegamos a Renaggiu, el asentamiento neolítico más antiguo de Córcega, con dos hileras de menhires (los más antiguos del año 4000 a.d.C.)


Tras un par de horas, volvimos a la moto y tomamos dirección Tizzano, con la intención de visitar también el asentamiento de Palaggiu, del que había leído maravillas, pues son 258 menhires agrupados, al parecer una visión espectacular pero... resulta que están en un terreno privado con grandes piedras taponando la entrada y carteles de "prohibido el paso, propiedad privada".

Y un pelín enfadados, continuamos hasta el final de la carretera, en Tizzano, donde no se podía pasar porque un grupo de hombres estaba jugando a la petanca en medio y medio.
Un pescador arreglando su barca y nadie más, sólo calma y agua cristalina...



De vuelta en Bonifacio, aparcamos la moto hasta el día siguiente y nos dispusimos a visitar la Haute Ville, que es su parte más antigua.

El hotel que encontramos estaba al lado del puerto, en la parte baja, lugar lleno de terrazas que supongo repleto en verano; allí conviven yates de superlujo con pequeñas barcas de pescadores...




A la parte alta se accede por la Montée Rastello y la Montée St. Roch, dos tramos de escaleras que dejan a muchos sin aliento (nosotros estamos acostumbrados a Galicia y sobre todo a Vigo, así que no nos costó mucho). Una vez arriba, desde la Porte de Gênes, se observa toda la Marina.



Nuestros pasos nos llevaron hasta la Escalera del Rey de Aragón (según la leyenda, sus 187 escalones se labraron en una única noche, durante el asedio aragonés de 1420, aunque se dice que es más probable que se construyera mucho antes como acceso a un pozo de agua fresca). Desde allí, se puede ver parte de la costa, tan diferente del resto de Córcega, e impresiona ver desde abajo la fortaleza, a la que se compara con un barco labrado en la roca.



Unas escaleras acceden al paseo sobre los acantilados (a la izquierda de la foto) y a la derecha se ve el Grain de Sable (Grano de Arena), que quedó separado del acantilado hace 800 años. 



Con la luz del atardecer, las calles adquieren un precioso tono rojizo...





 














Llegábamos al barrio de Bosco, donde se encuentra el cementerio de marineros y la batería de St. Antoine, zona militar ahora abandonada, que permitía controlar el tráfico marítimo en el estrecho de Bonifacio. Desde la batería esperábamos la puesta de sol, como varias personas que se acercaban poco a poco disfrutando del paseo; un barco llegaba desde la vecina isla de Cerdeña, un velero volvía a puerto y el sol se escondía lentamente, para dejar paso a una bonita y cálida noche de Primavera...



 



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7ª etapa: Bonifacio-Ajaccio, 209 km.


El día anterior nos habíamos planteado cruzar a Cerdeña, pero decidimos tomárnoslo con calma y dejar la isla vecina para otra ocasión; pusimos rumbo a Sartène de nuevo, pasando bajo su casco antiguo y poco antes de Propriano, tomamos el desvío que nos llevaría a la Bahía de Campomoro, donde se encuentra el pueblo que le da nombre y la Tour de Campomoro, del s. XVI, la torre más grande de Córcega.
Dejamos la moto en el pueblo, ya que no se puede llegar a la torre (sólo residentes y autorizados) e iniciamos la caminata, que en unos 20 minutos (todo cuesta arriba) nos llevaría hasta su puerta.


Creo recordar que la entrada fueron unos 3 euros cada uno; está restaurada, las vistas son magníficas y tanto una pequeña exposición como unos folletos (hay en español), explican la función de estas torres, su historia... etc..

La siguiente parada fue en Propriano, para tomarnos algo fresco en una terraza y disfrutar de una ligera brisa muuuuy agradable en la zona del puerto. El siguiente desvío, hacia Olmeto por la D157,  la D757 dirección Porto-Pollo y desvío de nuevo por la D155, rodeados de campos en plena floración.



Ojo con los perros en Córcega! no sé qué les dan de comer, pero nos hemos encontrado con varios corriendo por el medio de la carretera como locos (con collar, eso sí), la lengua fuera y sin parar al ver la moto; además, eran todos tamaño XL.


Plage de Ruppione
Ya tocaba comer y estábamos en zona de playas de arena, así que decidimos hacerlo "les pieds dans l´eau" (hay muchos restaurante y hoteles que se llaman así, significa "con los pies en el agua").



Llegamos a Ajaccio con el sol ya bajando, buscamos hotel y encontramos uno estupendo (por el precio que nos pedían otros bastante más cutres y peor situados), situación inmejorable, tranquilo... desde nuestra habitación casi tocábamos la "Citadelle" (Hotel San Carlu -aceptan tarjeta y tienen un ordenador en la recepción, próximamente wifi en las habitaciones-) Página del hotel


Sin perder tiempo, pusimos rumbo a la Pnte. de la Parata; una vez allí, dejamos la moto en el parking y caminamos la media horita que nos separaba de la torre, construída en el año 1608, desde donde parece que se pueden tocar las "Îles Sanguinaires". El día se había nublado y empezaba a oscurecer, así que el color predominante era el gris, excepto en las flores que cubrían el suelo. 
Desde la torre estuvimos un buen rato observando a una familia de delfines que se divertían saltando y jugando; allí dejamos morir el día y que la noche nos diese la bienvenida...

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8ª etapa: Ajaccio-Porto, 91 km.

Tras levantarnos temprano, decidimos desayunar en una terraza al lado del mercado y visitar la ciudad de Ajaccio, la más grande de la isla (unos 59.000 habitantes), su centro político y famosa porque Napoleón Bonaparte nació aquí el 15 de agosto de 1769.



Era día de mercado y cómo no, en él había puestos de embutido y quesos (buenísimos, riquísimos, irresistibles)




Una vez en la moto, nos despedimos de esta ajetreada ciudad para dirigirnos hacia la famosa D81, que nos llevaría hasta las Calanques de Piana, lugar inscrito en el Patrimonio de la UNESCO, junto con el Golfo de Porto y Girolata-Scandola.
Antes de llegar a Piana, que domina el golfo de Porto, nos dirigimos hacia el Col d´Osini, para tener una vista general desde lo alto




En Piana, a 438 m. de altitud y con vistas estupendas, dimos un paseo por sus calles, en las que no había nadie. 


 



 













Continuamos camino para encontrarnos ya en primera fila con las famosas Calanches; tal y como habíamos leído, impresionante carretera e impresionante Naturaleza de nuevo... Es una carretera estrecha, pero cada pocos metros hay algún sitio en el que dejar la moto para asomarse y ver tan hermoso espectáculo


Existen senderos señalizados para hacer las Calanches a pie, así como un café con terraza sobre los acantilados.
Tras una curva, las vistas sobre el Golfo de Porto y su torre, donde habíamos pensado pasar la noche.



Aparcamos la moto y mientras dábamos un paseo, preguntábamos en los hoteles; algunos no abrían hasta mayo, otros recién abiertos... alguno muy cutre, otro muy caro... hasta que dimos con el perfecto para una de nuestras últimas noches en la isla (adivinaréis el porqué un poco más abajo ), Hotel Les Flots Bleus.

Toma de posesión de la habitación, una estupenda ducha y dispuestos a hacer el vago por completo, observando la vida pasar desde esta terraza hasta que el culo se nos quedó plano 


 








En Córcega se fabrican 3 marcas de cerveza: Serena, Colomba y Pietra (esta última lleva castañas entre sus ingredientes).

Al día siguiente haríamos una visita en barco a la Reserva Natural de Scandola y si os fijáis en la primera foto, veréis el cascarón de nuez rojo y blanco en el que fuimos.

Paseo hasta un supermercado y aprovisionamiento para una cena en la terraza de la habitación, con la puesta de sol y un anochecer de postal.

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En Córcega le dan mucha importancia a la música, y en casi todos los restaurantes, bares, terrazas... en los que hemos estado, sonaba música tradicional.
Hay un grupo muy conocido, I Muvrini, aquí el enlace a uno de sus  vídeos:  Vídeo 


Un auténtico placer para los sentidos si tenéis la oportunidad de oirlos en una iglesia, son las polifonías corsas; nosotros hemos asistido al concierto de un grupo llamado Barbara Furtuna que tuvo lugar en una iglesia de Vigo y resulta sobrecogedor (pierde bastante si no se escucha en directo); la tradición manda que vayan vestidos de negro y son voces sólo masculinas: Vídeo
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Información sobre la isla que he consultado para el viaje:

En  papel, la guía de El País sobre Córcega, algún artículo de la National Geographic y "Asterix en Córcega".

En la red:

Evidentemente, las crónicas que existen en el foro http://www.bmwmotos.com/

Información Córcega
Información Córcega
Información Córcega
Información Córcega 


No habíamos reservado hoteles, pero sí teníamos  anotados algunos en las diferentes regiones, así como precios orientativos para no llevarnos sorpresas; además de en http://www.booking.com/, también curioseé en esta página: Hoteles en Córcega
Si os interesa, la agenda musical corsa: Agenda musical .................................
9ª etapa: Porto-Calvi, 94 km.

Temprano por la mañana, salimos del hotel (nos permitieron dejar allí bolsas y pantalones para cambiarnos a la vuelta) y pusimos rumbo al embarcadero.

Una vez en nuestro pequeño cascarón, comenzó la excursión, bordeando la torre y dirigiéndonos a la Reserva Natural de Scandola, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que protege 9,2 km2 de tierra y 10 km2 de mar. Está prohibido pescar, fondear durante más de 24 horas y recoger fauna y flora marina.

Atrás quedaba un impresionante paisaje




Delante, acantilados de roca volcánica roja, un agua cristalina y pura, cormoranes, nidos de águilas pescadoras, arbustos sobre los acantilados, recovecos entre las rocas...
 





 



















A la aldea de Girolata sólo se puede acceder en barco, a pié (3 horas ida y vuelta desde el Col de la Croix) o en quad
 


De vuelta en Porto, nos cambiamos en el hotel, buscamos un sitio en el que comer ligerito y arrancamos camino de Calvi, continuando por la espectacular D81, despidiéndonos de sus hermosas vistas en el Col de la Palmarella.




Una vez en Galéria, la D81b nos llevaría por unos acantilados cubiertos de maquis hasta la Punta de la Revellata y su Golfo, para descubrir a continuación la ciudadela de Calvi




Calvi está dominada por la ciudadela genovesa del s. XV, muy tranquila en su interior y por la que dimos un paseo nada más llegar y encontrar hotel. 





 





Como en otras muchos otros lugares, aquí se presume de que Calvi es la ciudad natal de Cristóbal Colón.


 


Nuestra visita a la Ciudadela acabaría con un paseo por las murallas, bajando al Puerto para disfrutar de nuestra última cena en Córcega en un agradable restaurante de la Plaza de la Iglesia llamado Chez Doumé (nosotros comimos muy bien y abundante, aunque haya visto hace un rato opiniones en Internet que dicen lo contrario).
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10ª etapa: Calvi-Ile Rousse, 89 km.


Último día en Córcega. Nada más salir de Calvi y sin haber madrugado mucho, retrocedimos sobre nuestros pasos unos km. para subir a N.D. de la Serra, una capilla desde la que se domina todo el Golfo de Calvi.
 

Continuamos camino por la D151 hacia Calenzana, Zilia, Montemaggiore, Col de San Cesareo...



Estábamos en la "Ruta de los Artesanos", donde se encuentran los talleres artesanales más importantes de la zona (aceite de oliva, miel, vino, queso, cerámica, cajas de música) en varios pueblos que gozan de unas vistas privilegiadas.
 

Al llegar a St. Antonino, a 447 m. sobre el nivel del mar, encaramado a una colina, nos sorprendió lo bien cuidado que está, con las casas restauradas, las calles limpias... al contrario que otros muchos pueblos del interior, que habíamos encontrado bastante descuidados; imagino que su aspecto se debe a la buena situación y al turismo. Es un pueblo maravilloso, con callejones peatonales, pasadizos ... al parecer era una fortaleza que daba cobijo a toda la población del valle cuando se divisaban en el horizonte barcos piratas. 


Se respiraba mucha calma, casi ningún visitante además de nosotros y tanto la temperatura (23 grados) como el lugar invitaban a tomar, por ejemplo, un "muscat" (vino dulce) antes de comer y unas ensaladas impresionantes en la terraza de una vinoteca llamada "A Casa Corsa", desde donde se dominaba  todo el territorio que nos separaba del mar (precios muy baratos en comparación con todo Córcega, poca variedad pero muy rico, de buena calidad).

La siguiente parada sería Pigna, centro de música tradicional corsa, además de contar con un gran número de talleres de artesanía, incluído uno de cajas musicales.






 






 
De nuevo camino de la costa, una visita al pequeño pueblo de Algajola y llegada a Ile Rousse, para dar un paseo por sus animadas calles y tomar algo en una terraza observando a los paisanos jugar a la petanca.

Embarcamos a la hora prevista, con pocos viajeros y en uno de los bacos más viejos de la flota (dicho no sólo por nosotros, sino también por el amable oficial que intentó abrir la puerta de nuestro camarote a patadas y empujones). El día estaba nublado en la costa, oscuro y parecía decirnos: "no os vayáis todavía...", pero con gran pena nos tuvimos que despedir.





Al volver al camarote, la puerta no abría (llevan código, no llave) y avisamos a un oficial; llegó, marcó el código, empujó... nada; marcó de nuevo, empujón más fuerte... nada; otra vez y una patada... nada, otra patada... nada; al final se fue a buscar la llave maestra y nos la dejó hasta por la mañana, diciéndonos que era uno de los barcos más cutres que había y que ya iba siendo hora de que lo cambiasen.

Y a dormir, aunque el mar estaba un pelín cabreado y costó un minuto más de lo habitual 

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11ª etapa: Marsella-Cadaqués, 493 km.

Llegamos a Marsella a las 6:45 de la mañana y lo primero que hicimos nada más salir de la ciudad fue parar en una gasolinera para llenar (bastante más barato que en Córcega, como ya había comentado) y tomarnos un buen desayuno.

Continuamos hacia Martigues, Port de Bouc y La Camarga, donde habíamos estado en un par de ocasiones en verano, sin haber conseguido ver a sus famosos flamencos rosas, el símbolo de esta Reserva Natural. Esta vez sí los había y pillamos a algunos aseándose, a otros durmiendo, a otros ligoteando...

Mientras yo hacía las fotos, Nemesio no se quitó el casco para nada, ya que había mosquitos por todas partes (yo salí de allí con varias picaduras de las gordas, pero valió la pena).

Información sobre La Camarga: Turismo La Camarga

Siguiente parada: Aigues-Mortes, ordenado construir por San Luis para así abrir una salida al mar en su reinado; eso fue hace siete siglos y las fortificaciones todavía siguen en pie, siendo unas de las mejores preservadas en Francia. Es un conjunto de arquitectura medieval único en Europa, sus calles están llenas de tiendas enfocadas al turismo (por su maravillosa situación, recibe muchos visitantes) y entre ellas nos llamó la atención esta (los golosos nos comprenderéis, una tienda de galletas, caramelos y bombones impresionante):

 









Su nombre no podía ser mejor y sus galletas están de vicio: La Cure Gourmande ("la cura del goloso" sería la traducción perfecta) La Cure Gourmande











Desde Aigues-Mortes, por la D69 hasta Montpellier y de allí por la D613 hacia el "Bassin de Thau", gran centro de producción de mejillones, ostras y toda clase de moluscos con concha....

Las cuerdas se cuelgan de las plataformas pero a muy poca profundidad; luego los recogen en barcas como la de la foto, descargan en una especie de vagones y los manipulan en tierra en pequeñas casetas repartidas por toda la orilla del estanque.



Por una carretera secundaria en Adge.

A continuación, unos km. de autopista hasta Perpignan (con mucho viento, como suele ser habitual en esta zona), donde nos desviaríamos para visitar Collioure, no sólo famoso por ser el último lugar en el que vivió Antonio Machado y en el que está enterrado, sino porque Matisse y André Derain, fascinados por su luz y los colores de sus casas, comenzaron allí el primer movimiento de vanguardia artística del siglo XX, conocido como fauvismo.

El día estaba gris y algo triste, pero eso no restaba atractivo al pueblo; aquí la iglesia con la torre del antiguo faro, todo construído sobre la playa.
Al otro lado, el Castillo Real, del siglo XII, reconvertido en fortaleza:


Empezaban a caer unas gotas, así que decidimos salir hacia Cadaqués, donde íbamos a pasar la noche, todo recto (bueno, casi) por la carretera de la costa que entra en España cruzando Portbou, una ruta muy recomendable para moto.  
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12ª etapa: Cadaqués-Pancorbo, 738 km.

Desayuno al borde de la playa y paseo por Cadaqués. 




Me chocó mucho encontrarlo tan cambiado, aunque por lo menos no hay grandes aberraciones arquitectónicas. Por lo demás, sigue manteniendo su luz y su esencia.



 

















Aquí se instalaron varios artistas en algún momento de su vida, como Salvador Dalí, cuya familia tenía en el pueblo la residencia veraniega; Federico García Lorca vivió en Port Lligat, una cala vecina. Pablo Picasso o Joan Miró son otros de los muchos pintores que se sentían atraídos por el pueblo, su calma y su luz.

Y teníamos que arrancar, ya que habíamos quedado con Juanjo y Paz para comer en Valls los famosos calçots (Rioja, del foro bmwmotos nos lo había recomendado).

Los calçots estaban muy buenos, pero nos quedamos medio empachados y seguimos camino con mucha pereza.

Habíamos pensado dormir en Logroño, donde conocemos un hotel e imaginábamos que no habría problema, así que podríamos llegar tarde. Pero no, no había sitio porque se unían varios factores: las fiestas de Santo Domingo de la Calzada empezaban al día siguiente, ese fin de semana era la Valvanerada y... estaba todo lleno, así que con unas gestiones por parte de la recepcionista (ya era casi medianoche), nos fuimos a dormir a Pancorbo.
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13ª etapa: Pancorbo-Domaio, 632 km.

Teníamos que estar para comer en casa, así que este día tocó autovía...




Y nada más, aquí se acababa el viaje.
Espero que lo hayáis disfrutado.

Un saludo de Nemesio y Beatriz

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